Apnea del sueño en los niños

Temas de Actualidad
Apnea-obstructiva-Infantil

El ronquido nocturno, la dificultad respiratoria, la actitud inquieta y el retraso en el crecimiento son algunos de los síntomas asociados al SAOS, o síndrome de apnea obstructiva del sueño, un trastorno que sufren del 1 al 3% de los niños. Su detección y  tratamiento precoz son importantes para minimizar sus posibles efectos secundarios .

El síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS) es un trastorno respiratorio del sueño que afecta aproximadamente al 2% de los niños, especialmente entre los 2 y los 5 años. Se caracteriza por la presencia repetida de episodios de obstrucción de la vía aérea durante el sueño, de manera parcial (hipopnea) o total (apnea), que condicionan un compromiso de la ventilación, como consecuencia del cual se produce un descenso de la cantidad de oxígeno que es transportado por la sangre (hipoxemia), acompañado o no de incremento de la retención de CO2 (hipercapnia). Estas interrupciones en la ventilación pueden repetirse hasta 400 veces cada noche, impidiendo que el niño tenga un sueño profundo reparador.

El síntoma más frecuente de SAOS en los niños es el ronquido nocturno. Aunque sólo un pequeño porcentaje de los niños que roncan tienen SAOS, el ronquido es la primera pista, por lo que en los niños roncadores se debe investigar la presencia de otros síntomas indicativos de SAOS, tales como dificultad para respirar durante el sueño, con pausas o paradas respiratorias, sueño intranquilo o agitado, hipersudoración nocturna, enuresis (hacerse pis en la cama), pesadillas o sonambulismo, dificultad para despertarse por la mañana, sed excesiva al levantarse, cefaleas matutinas, dificultad para concentrarse o para atender en el colegio,  irritabilidad o hiperactividad durante el día, o retraso en el crecimiento. Además, si no se trata a tiempo, pueden producirse complicaciones cardiocirculatorias y pulmonares más graves.

La causa más frecuente del SAOS en el niño es la hipertrofia de las amígdalas y adenoides (vegetaciones). Otras causas menos frecuentes son la obesidad, algunas anomalías craneofaciales que se asocian a un espacio faríngeo reducido, y algunas enfermedades neuromusculares.

Para poder realizar un diagnóstico precoz, en el caso de sospechar un SAOS en el niño por la presencia de alguno de los síntomas anteriormente descritos, se debe realizar una exploración otorrinolaringológica, para valorar la presencia de hipertrofia adenoamigdalar u otras anomalías, como la respiración bucal, la obstrucción nasal o algunas alteraciones anatómicas que afectan a la amplitud de la vía respiratoria superior. La grabación en vídeo del sueño del niño por parte de los padres para mostrárselo al médico puede ser también de gran utilidad. En caso de duda diagnóstica, puede realizarse un estudio polisomnográfico nocturno, que consiste en la monitorización de diversas variables mientras el niño duerme, y permite evaluar cuantitativamente las alteraciones ventilatorias y estructurales del sueño, dando, por tanto, información sobre la gravedad del SAOS.

La adenoamigdalectomía, o extirpación quirúrgica de las amígdalas y las adenoides, es el tratamiento más habitual y más eficaz en los niños con SAOS, consiguiendo la desaparición de los síntomas en la mayoría de los casos. La cirugía de las amígdalas con radiofrecuencia ha permitido reducir el tiempo quirúrgico y las complicaciones intraoperatorias, y ofrece además la posibilidad de realizar una reducción parcial del tamaño de las amígdalas, sin extirparlas por completo, lo que disminuye considerablemente las molestias postoperatorias, y permite la conservación de la función inmunológica de las amígdalas, por lo que es la técnica de elección. Una alternativa puede ser la terapia con presión aérea positiva continua (CPAP), o dispositivo de asistencia respiratoria que administra una presión de aire constante a la boca y la nariz., ayudando a mantener abiertas las vías respiratorias, y evitando así las apneas.

El CPAP puede ser el tratamiento de primera elección en los casos de SAOS importante que no se deben a hipertrofia adenoamigdalar, sino a obesidad o a anomalías craneofaciales no operables, o si el SAOS persiste después de la adenoamigdalectomía.

Añadir comentarios