Barotrauma de oído interno

El barotrauma  de oído interno en el buceo es poco frecuente, pero puede provocar secuelas  importantes.

Buceador realizando maniobras de compensación durante una inmersión.

Se produce con mayor frecuencia durante el descenso, y habitualmente asociado a una dificultad para compensar.

En más de la mitad de los casos, aparece asociado a un barotrauma de oído medio, y se produce por los mismos mecanismos que éste.

Sin embargo, existe un porcentaje no despreciable de casos en los que el barotrauma de oído interno aparece sin que haya lesión del oído medio. No se conocen muy bien los mecanismos por los que se produce, existiendo varias hipótesis:

a)     El oído interno se vería lesionado por el incremento de la presión intracraneal, que se produciría al intentar compensar mediante una maniobra de Valsalva forzada cuando la trompa de Eustaquio no funciona adecuadamente, durante el descenso (mecanismo explosivo).

b)     El oído interno se lesionaría al producirse un incremento brusco de presión en el oído medio, al realizar una maniobra de Valsalva forzada que consiga vencer la resistencia de la trompa, lo que podría ocurrir durante el descenso o durante el ascenso (mecanismo implosivo).

En todos los casos, estos cambios de presión, transmitidos al oído interno, pueden lesionar las delicadas estructuras de éste, tanto las que intervienen en la audición como las que están implicadas en el equilibrio e  incluso acabar produciendo la rotura de las membranas que separan el oído medio del oído interno, originando una fístula perilinfática.

Dibujo esquemático de las distintas partes del oído.

 

Los principales síntomas del barotrauma agudo de oído interno son la hipoacusia o pérdida auditiva, los acúfenos o ruidos de oído, y el vértigo o mareo con sensación rotatoria, y frecuentemente acompañado de naúseas o vómitos, pero pueden asociarse a todos los síntomas del barotrauma de oído medio. Sin embargo, cuando se produce lesión del oído interno, la pérdida auditiva suele ser más importante que la que se produce en los barotraumas de oído medio, y además, a diferencia de ésta, con frecuencia es irreversible.

Si la hipoacusia es fluctuante, o se desencadena un cuadro de vértigo con los cambios posicionales, con los cambios de presión en el oído originados por un estornudo, la tos, o la maniobra de Valsalva, o por un estímulo sonoro intenso (fenómeno de Tullio), debe sospecharse fístula perilinfática.

Tras un barotrauma de oído interno, es necesario interrumpir las actividades subacuáticas durante un período de tiempo variable, en función de la gravedad de la lesión. El tratamiento debe iniciarse lo antes posible; la mayoría de las veces se aconsejará un tratamiento médico (corticoides, antivertiginosos…), asociado a unas medidas posturales (reposo en cama con cabecera elevada) si se sospecha fístula perilinfática,  y si esta no se resolviera espontáneamente puede llegar a ser necesario un tratamiento quirúrgico. A pesar de ello, es frecuente que queden secuelas auditivas o vestibulares.

La prevención de los barotraumas óticos, tanto de oído medio como de oído interno, consistirá en impedir el bloqueo de la trompa de Eustaquio: se evitará bucear con procesos de congestión nasal (catarro, alergia…), se intentará realizar una compensación suave y progresiva, evitando las maniobras bruscas o los descensos o ascensos demasiado rápidos. En algunos casos, puede ser aconsejable el empleo de descongestionantes nasales, que mejoren la permeabilidad de la trompa de Eustaquio, previos a las inmersiones.